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Un día como hoy en la Iglesia

25 de noviembre

1981 · Nombramiento de Joseph Ratzinger como prefecto de Doctrina de la Fe

El nombramiento que llevó a Joseph Ratzinger a Roma durante más de veinte años

El 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo II nombró al cardenal Joseph Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No fue una elección papal ni una ceremonia multitudinaria. Fue un nombramiento de gobierno. Pero cambió el rumbo de la vida de un teólogo alemán y terminó situándolo durante más de dos décadas en el centro de algunas de las discusiones más complejas de la Iglesia católica.

Ratzinger había nacido en Baviera en 1927. Fue ordenado sacerdote en 1951 y desarrolló una carrera académica dedicada a la teología. Participó como experto en el Concilio Vaticano II, celebrado entre 1962 y 1965. Más tarde enseñó en varias universidades alemanas. En 1977 Pablo VI lo nombró arzobispo de Múnich y Frisinga y lo creó cardenal. Cuando llegó la llamada de Roma en 1981, llevaba apenas unos años al frente de una diócesis. El nuevo cargo significaba pasar de la responsabilidad pastoral de una iglesia local a una función de alcance universal.

La Congregación para la Doctrina de la Fe era heredera histórica del Santo Oficio. Su tarea consistía en promover y proteger la enseñanza de la fe católica. Eso incluía examinar cuestiones doctrinales, estudiar escritos y participar en discusiones que podían afectar a teólogos, obispos y comunidades de numerosos países. No era simplemente una oficina dedicada a escribir documentos: sus decisiones podían producir acuerdos, críticas y controversias. Ratzinger también fue nombrado presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional.

Durante su etapa como prefecto intervino en debates sobre la teología de la liberación, la relación entre fe y cultura, la moral católica y el diálogo con otras confesiones y religiones. Algunas decisiones fueron defendidas como necesarias para mantener la coherencia doctrinal; otras fueron cuestionadas por teólogos y observadores que las consideraron restrictivas. Una historia rigurosa no necesita ocultar esas diferencias. También presidió la comisión que preparó el Catecismo de la Iglesia Católica, publicado en 1992, un trabajo de alcance mucho mayor que una controversia puntual.

El nombramiento de 1981 no lo convirtió automáticamente en el futuro Papa. Nadie podía saber entonces que, tras la muerte de Juan Pablo II en 2005, sería elegido sucesor con el nombre de Benedicto XVI. Leer toda su carrera como si ese resultado hubiera estado predeterminado distorsionaría la historia. Lo interesante es lo que realmente ocurrió aquel día: un profesor y arzobispo alemán aceptó una responsabilidad romana que marcaría profundamente su trayectoria intelectual, institucional y pública. El 25 de noviembre de 1981 no hubo fumata blanca; hubo una decisión administrativa cuyas consecuencias se extendieron durante décadas.

El nombre de la congregación puede sonar distante. En términos sencillos, era uno de los organismos de la Santa Sede encargados de examinar cuestiones relacionadas con la enseñanza católica. Su prefecto trabajaba con documentos, consultas episcopales y problemas doctrinales que llegaban de todo el mundo. El nombramiento cambió por tanto la escala del trabajo de Ratzinger: dejó de responder principalmente por una arquidiócesis alemana y pasó a intervenir en asuntos de la Iglesia universal. La comparación con su elección como Papa en 2005 es inevitable, pero debe llegar al final, no gobernar el relato desde el comienzo. Entre 1981 y 2005 hubo más de veinte años de decisiones y controversias que no se explican por un destino conocido de antemano. El 25 de noviembre marca el inicio de ese periodo romano y permite comprender mejor la trayectoria de Benedicto XVI sin convertirla en una biografía escrita hacia atrás.

Fuentes y referencias