1984 · Encuentro con Mar Dinkha IV
Un patriarca asirio visitó Roma después de siglos de separación
Mar Dinkha IV, patriarca de la Iglesia asiria de Oriente, fue recibido por Juan Pablo II en Roma el 8 de noviembre de 1984. La Iglesia asiria posee raíces muy antiguas en Mesopotamia y había vivido siglos separada de la plena comunión con la Iglesia católica.
Parte de la separación se relaciona con controversias cristológicas de la antigüedad: discusiones sobre cómo expresar que Jesucristo es verdaderamente Dios y verdaderamente humano. A esas controversias se sumaron distancias culturales, lingüísticas y políticas que no desaparecen con una sola visita.
Juan Pablo II recordó que el patriarca ya había estado presente en su Misa inaugural de 1978. El encuentro de 1984 abrió camino a nuevos contactos y, diez años después, a una declaración cristológica común. No restableció por sí solo la plena comunión; mostró que era posible hablar directamente sobre desacuerdos antiguos.
En 1994, Juan Pablo II y Mar Dinkha IV firmaron una declaración cristológica común. Ese resultado posterior no debe presentarse como algo que ocurrió el 8 de noviembre de 1984. Sin embargo, ayuda a comprender la importancia del encuentro inicial. Cuando una relación entre Iglesias se desarrolla durante décadas, un gesto puede ser relevante sin ser definitivo. La audiencia del patriarca fue uno de esos gestos: dejó constancia de una disposición al diálogo y de un reconocimiento mutuo que todavía necesitaban convertirse en acuerdos concretos.
La Iglesia asiria de Oriente conserva raíces cristianas muy antiguas en Mesopotamia, región que hoy comprende principalmente territorios de Irak y países vecinos. Sus comunidades desarrollaron una vida litúrgica y teológica propia, con una historia marcada por misiones hacia Asia y periodos de aislamiento respecto de Occidente.
Parte de la separación se relacionaba con discusiones sobre Jesucristo. Los cristianos afirmaban que era verdadero Dios y verdadero hombre, pero no siempre utilizaban las mismas palabras para explicar esa unión. Las disputas doctrinales se mezclaron con diferencias lingüísticas, fronteras políticas y siglos de desconfianza. En 1984 no bastaba una visita protocolaria para resolver todo aquello.
Juan Pablo II recordó que Mar Dinkha IV ya había asistido a la Misa de inicio de su pontificado en 1978. Ahora el patriarca regresaba para un encuentro más directo. El Papa habló de las antiguas raíces de la Iglesia asiria y del deseo de alcanzar la plena comunión. Esta expresión significa compartir completamente la fe y la vida sacramental y eclesial; no equivale a borrar las tradiciones propias de cada comunidad.
La importancia del 8 de noviembre se entiende también por lo que sucedió después. En 1994, diez años más tarde, Juan Pablo II y Mar Dinkha IV firmaron una declaración cristológica común que ayudó a superar una parte importante de las controversias heredadas. Ese acuerdo no ocurrió en 1984, ni restauró automáticamente la plena comunión. Fue fruto de un proceso que necesitó encuentros, estudio y voluntad de comprender el lenguaje del otro.
Por eso aquella visita es más interesante que una fotografía de dos líderes religiosos saludándose. En un mundo cristiano dividido desde hacía siglos, ambos reconocían que las palabras utilizadas para expresar la fe merecían ser estudiadas de nuevo. La historia no termina con una reconciliación instantánea, sino con el comienzo de una conversación capaz de producir resultados concretos años después.
