1922 · Muerte de santa María Bertilla Boscardin
Empezó trabajando en la cocina de un hospital. Durante la guerra terminó quedándose con los enfermos bajo los bombardeos
Maria Bertilla Boscardin no parecía destinada a una biografía espectacular.
Había crecido en una familia campesina del norte de Italia y su educación formal había sido limitada.
Cuando entró en las Hermanas Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones, comenzó realizando tareas sencillas.
En el hospital de Treviso trabajó inicialmente en la cocina.
Después fue destinada a la atención de enfermos.
Allí encontró algo para lo que resultó especialmente capaz.
Estudió enfermería y fue encargándose de pacientes que necesitaban cuidados delicados, entre ellos niños enfermos.
Entonces llegó la Primera Guerra Mundial.
Treviso estaba suficientemente cerca del frente como para que los bombardeos dejaran de ser una amenaza lejana.
Los hospitales tuvieron que funcionar en condiciones difíciles y parte de la población fue evacuada.
Bertilla permaneció con los enfermos.
Su historia no consiste en un único gesto heroico realizado en unos minutos, sino en algo más prolongado: seguir cuidando cuando el lugar destinado a curar personas también podía convertirse en objetivo de la guerra.
Después del conflicto, su vida tampoco se alargó mucho.
Desarrolló un tumor y murió el 20 de octubre de 1922.
Tenía treinta y cuatro años.
Fue canonizada en 1961 por Juan XXIII.
Su historia tiene algo que fácilmente se pierde cuando la resumimos diciendo simplemente "religiosa y enfermera".
Bertilla no comenzó ocupando una posición prestigiosa dentro de un hospital.
Comenzó en la cocina.
Y cuando la guerra convirtió aquel hospital en un lugar peligroso, el trabajo silencioso que había aprendido a hacer terminó colocándola precisamente donde más falta hacía.