1987 · Canonización de san Lorenzo Ruiz
El primer santo nacido en Filipinas no era sacerdote. Era esposo, padre y empleado
Cuando Juan Pablo II canonizó a Lorenzo Ruiz el 18 de octubre de 1987, subrayó algo que para Filipinas tenía un peso especial.
Era el primer santo nacido en el país.
Y su historia no se parecía a la biografía que muchas personas imaginan cuando piensan en un mártir misionero.
Lorenzo no era sacerdote.
Era laico.
Había trabajado como sacristán y escribano, estaba casado y tenía tres hijos.
En 1636 salió de Filipinas en circunstancias difíciles. Las fuentes tradicionales señalan que se vio implicado o acusado en relación con un homicidio y buscó salir de Manila. Terminó embarcando con misioneros dominicos rumbo a Japón.
El destino era extremadamente peligroso.
El gobierno japonés perseguía entonces al cristianismo y utilizaba métodos brutales para obligar a los detenidos a renunciar a su fe.
Lorenzo y sus compañeros fueron arrestados.
Sufrieron torturas diseñadas no simplemente para matarlos, sino para conseguir una apostasía pública.
Murieron en Nagasaki en 1637.
Más de tres siglos después, la Iglesia reconoció su martirio.
La canonización de 1987 tuvo además un significado particular porque Juan Pablo II ya había beatificado a Lorenzo y sus compañeros en Manila en 1981, durante una visita a Filipinas.
Ahora el proceso llegaba a su conclusión en Roma.
El 18 de octubre, hablando a la comunidad filipina, el Papa destacó expresamente que el país tenía ya su primer santo nacido en Filipinas.
La frase escondía una historia inesperada.
El primer santo filipino no había fundado una congregación ni gobernado una diócesis.
Era un hombre con esposa, hijos y trabajo.
Y terminó convertido en mártir porque un viaje emprendido en circunstancias bastante humanas lo llevó directamente a uno de los lugares más peligrosos del mundo para ser cristiano.