1978 · Elección de Juan Pablo II
La fumata salió blanca. El nombre que anunciaron después no era italiano
A las 18:18 del 16 de octubre de 1978 salió humo blanco de la chimenea de la Capilla Sixtina.
Roma llevaba semanas viviendo una situación excepcional.
Pablo VI había muerto en agosto. Su sucesor, Juan Pablo I, había fallecido apenas treinta y tres días después de su elección.
Los cardenales tuvieron que entrar nuevamente en cónclave.
Cuando apareció la fumata blanca, la plaza de San Pedro sabía que había Papa.
Lo que todavía no sabía era quién.
Poco después, el cardenal protodiácono anunció un nombre que para buena parte del mundo resultaba desconocido: Carolum... Wojtyła.
Karol Wojtyła.
Arzobispo de Cracovia.
Polaco.
Tenía cincuenta y ocho años.
La elección rompía una continuidad de siglos: desde 1522 todos los papas habían sido italianos.
Wojtyła eligió el nombre de Juan Pablo II, continuando deliberadamente el nombre de su predecesor.
Cuando apareció en el balcón, hizo algo que también llamó la atención. En vez de limitarse estrictamente a la fórmula esperada, habló directamente a la multitud en italiano y bromeó sobre la posibilidad de equivocarse en "vuestra —nuestra— lengua italiana".
La elección tenía además un enorme peso geopolítico.
Polonia estaba bajo un régimen comunista y formaba parte del bloque soviético. El nuevo Papa había vivido la ocupación nazi y después el establecimiento del comunismo en su país.
Nadie podía saber todavía cuánto duraría su pontificado.
Duró más de veintiséis años.
Viajaría por el mundo, sobreviviría a un atentado, tendría un papel importante en la historia de Europa oriental y dejaría una huella profunda —también discutida en algunos aspectos— en la Iglesia contemporánea.
Pero todo eso vino después.
A las 18:18 del 16 de octubre de 1978 solo había una certeza:
la fumata era blanca.
Y, por primera vez en más de cuatro siglos, el nuevo Papa no era italiano.