1717 · Hallazgo de la imagen de Nuestra Señora Aparecida
Tres pescadores llevaban horas sin conseguir nada. Entonces sacaron del río una imagen sin cabeza
La historia comenzó con un problema bastante práctico.
En octubre de 1717, tres pescadores —Domingos Garcia, João Alves y Filipe Pedroso— recibieron el encargo de conseguir peces en el río Paraíba para una visita importante.
Según la tradición conservada en el santuario de Aparecida, no estaban teniendo éxito.
Lanzaban las redes y no conseguían prácticamente nada.
En uno de los intentos apareció algo distinto.
Era el cuerpo de una pequeña imagen de terracota de la Virgen María.
Le faltaba la cabeza.
Volvieron a lanzar la red.
Entonces apareció la cabeza.
La tradición cuenta que después de aquello la pesca se volvió inesperadamente abundante.
La imagen no llegó inmediatamente a una gran basílica. Durante años permaneció en ambientes domésticos, primero con la familia de uno de los pescadores. Vecinos comenzaron a reunirse para rezar delante de ella.
La devoción fue creciendo.
También cambió el nombre con el que la gente se refería a la imagen: Nossa Senhora Aparecida, Nuestra Señora "Aparecida", la que había aparecido en las aguas.
Con el tiempo hizo falta una capilla. Después, una iglesia mayor. Finalmente, un santuario de dimensiones enormes.
La pequeña figura encontrada en el río terminaría vinculada de manera especial a la identidad religiosa de Brasil y sería proclamada patrona del país.
La historia ha acumulado con los siglos relatos devocionales y milagros atribuidos a su intercesión. No todos pertenecen al mismo nivel de evidencia histórica.
Pero el núcleo de la tradición es sorprendentemente sencillo.
No empieza con una aparición celestial.
Empieza con tres hombres trabajando.
Una red.
Un río.
Y una pequeña imagen de barro rota en dos partes.