Hoy

Un día como hoy en la Iglesia

11 de octubre

1962 · Apertura del Concilio Vaticano II

Más de dos mil obispos entraron en San Pedro. Nadie sabía todavía hasta dónde llegaría aquel Concilio

Cuando Juan XXIII anunció en 1959 que quería convocar un concilio ecuménico, sorprendió incluso a personas muy cercanas a él.

Tres años después, el 11 de octubre de 1962, la idea se había convertido en una escena difícil de repetir.

Más de dos mil obispos procedentes de todo el mundo entraron en la basílica de San Pedro para inaugurar el Concilio Vaticano II.

Un concilio ecuménico no es simplemente una gran reunión de obispos. En la Iglesia católica es una asamblea de alcance universal convocada para afrontar cuestiones de doctrina, disciplina y vida eclesial.

El anterior, el Vaticano I, había quedado interrumpido en 1870.

Ahora el mundo era completamente distinto.

Habían ocurrido dos guerras mundiales. Europa ya no ocupaba el mismo lugar político. La descolonización estaba transformando África y Asia. La radio y la televisión habían cambiado la comunicación. El comunismo gobernaba buena parte de Europa oriental.

Juan XXIII no inauguró el Concilio presentando una lista de nuevos errores que condenar.

De hecho, criticó a quienes veía siempre anunciando desgracias y habló de quienes interpretaban el presente únicamente como deterioro.

La Iglesia, dijo, debía custodiar su doctrina, pero también encontrar una manera adecuada de presentarla.

Aquello no significaba que todos los participantes estuvieran de acuerdo sobre cómo hacerlo.

Y pronto quedó claro.

Los obispos no se limitaron a aprobar automáticamente textos preparados de antemano. Hubo debates, modificaciones, alianzas, desacuerdos y cuatro sesiones conciliares repartidas entre 1962 y 1965.

Juan XXIII ni siquiera viviría para ver el final.

Murió en 1963.

Pablo VI continuó el Concilio.

Cuando terminó, el Vaticano II había producido dieciséis documentos y había influido profundamente en la liturgia, la comprensión de la Iglesia, el ecumenismo, la relación con otras religiones y la manera de hablar al mundo contemporáneo.

Nada de eso estaba resuelto cuando la procesión entró en San Pedro aquella mañana.

El 11 de octubre de 1962, todo estaba todavía por discutir.

Fuentes y referencias