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Un día como hoy en la Iglesia

5 de octubre

1938 · Muerte de santa Faustina Kowalska

Murió a los 33 años. Casi nadie imaginaba hasta dónde llegaría lo que había escrito en sus cuadernos

Cuando Helena Kowalska murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, tenía treinta y tres años.

En religión se llamaba sor Faustina.

No dirigía una gran institución. No era profesora de teología. No había recorrido el mundo predicando. Había pasado buena parte de su vida religiosa realizando trabajos sencillos en distintas casas de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia.

Y estaba enferma de tuberculosis.

Pero había dejado cientos de páginas.

Durante años, por indicación de sus confesores, Faustina había registrado en cuadernos sus experiencias interiores, su oración y aquello que entendía como mensajes de Cristo acerca de la misericordia de Dios.

De esas experiencias surgieron elementos que hoy millones de católicos reconocen inmediatamente: la imagen de Jesús de la Divina Misericordia, la coronilla, la Hora de la Misericordia y la petición de una fiesta especialmente vinculada a ese misterio.

La expansión posterior no fue lineal.

Tras su muerte, la devoción comenzó a difundirse, pero traducciones defectuosas y dificultades para evaluar correctamente sus escritos provocaron problemas. En 1959 el Santo Oficio prohibió temporalmente determinadas formas de difusión tal como estaban siendo presentadas.

Eso pudo haber sido el final.

No lo fue.

Años después, con acceso más adecuado a los textos originales y nueva documentación, la situación fue revisada. La prohibición fue retirada en 1978.

Ese mismo año, Karol Wojtyła, arzobispo de Cracovia y conocedor de la causa de Faustina, fue elegido Papa.

Veintidós años después, el 30 de abril de 2000, Juan Pablo II canonizó a Faustina Kowalska. En esa misma celebración estableció para toda la Iglesia latina que el segundo domingo de Pascua se llamara Domingo de la Divina Misericordia.

El contraste es enorme.

En 1938 moría una religiosa joven, enferma y poco conocida, dejando unos cuadernos que casi nadie fuera de su entorno había leído.

Décadas después, su lenguaje sobre la misericordia había atravesado fronteras, sobrevivido incluso a una prohibición temporal y terminado incorporado al calendario litúrgico universal.

Fuentes y referencias