Hoy

Un día como hoy en la Iglesia

4 de octubre

1965 · Pablo VI visita la ONU

Un Papa cruzó el Atlántico, habló ante la ONU y regresó a Roma el mismo día

El Concilio Vaticano II todavía estaba reunido en Roma cuando Pablo VI se fue a Nueva York.

No era una visita cualquiera.

El 4 de octubre de 1965 se convirtió en el primer Papa que pisaba Estados Unidos. Y disponía prácticamente de un día.

Llegó al aeropuerto Kennedy y desde el comienzo señaló la novedad del momento. Los papas llevaban siglos vinculados físicamente a Roma de una manera que hoy cuesta imaginar. Los viajes internacionales del pontífice, que después serían habituales, todavía eran una excepción.

Pablo VI visitó la catedral de San Patricio y se dirigió después a la sede de Naciones Unidas.

El contexto importaba. Habían pasado apenas veinte años desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Fría dividía al planeta. La posibilidad de una guerra nuclear no era una abstracción.

Ante representantes de numerosos países, el Papa hizo de la paz el centro de su intervención. Llegó además con una particularidad: el Vaticano II estaba reunido en Roma, y Pablo VI presentó su presencia también como eco de aquella asamblea de obispos de todo el mundo.

Pero la jornada no terminó en la ONU.

Celebró Misa ante una multitud en Yankee Stadium y pasó por la Feria Mundial de Nueva York. Allí había una pieza que normalmente estaba a miles de kilómetros: la Pietà de Miguel Ángel, trasladada desde la basílica de San Pedro para la exposición.

La imagen resulta extraña y fascinante: el obispo de Roma visitando en Nueva York una de las obras más famosas de su propia basílica.

Aquella jornada condensó una transformación que después sería mucho más visible.

El papado empezaba a convertirse también en una presencia internacional itinerante. Pablo VI viajaría a varios continentes; Juan Pablo II llevaría esa práctica a una escala completamente nueva.

Pero el 4 de octubre de 1965 todavía había algo de experimento en todo aquello.

Un Papa dejó durante unas horas el Concilio que estaba cambiando la vida de la Iglesia, cruzó el Atlántico, habló ante las Naciones Unidas, celebró en un estadio y regresó a Roma.

El Concilio seguía esperándolo.

Fuentes y referencias