1928 · Fundación del Opus Dei
Estaba ordenando unas notas durante un retiro. Después diría que aquel día finalmente "vio" lo que debía hacer
Josemaría Escrivá tenía veintiséis años.
Era sacerdote, vivía en Madrid, estudiaba Derecho y aquel 2 de octubre participaba en unos ejercicios espirituales para sacerdotes diocesanos en una casa de los Padres Paúles.
Después de celebrar Misa y cumplir las actividades de la mañana, volvió a su habitación. Llevaba consigo unas notas.
Desde años atrás había ido escribiendo intuiciones, propósitos y experiencias de oración porque estaba convencido de que Dios le pedía algo, aunque todavía no conseguía precisar qué.
Aquella mañana comenzó a revisar esos papeles.
Lo que ocurrió después pertenece necesariamente al terreno de su experiencia religiosa. Escrivá lo describiría diciendo que aquel día "vio" el Opus Dei. No hablaba de una aparición física, sino de una comprensión interior de la misión que creía haber recibido.
Mientras tanto sonaban campanas de iglesias cercanas. Años después seguiría asociando aquel sonido con la mañana de la fundación.
¿Y qué creía haber comprendido?
Que la búsqueda de la santidad no estaba reservada a sacerdotes y religiosos ni exigía abandonar las ocupaciones ordinarias. El trabajo profesional, la familia y la vida corriente podían convertirse también en lugar de vida cristiana.
Hoy esa formulación puede sonar familiar. En la Iglesia de comienzos del siglo XX no era tan obvia en la forma en que Escrivá pretendía desarrollarla.
En ese momento no existían edificios, estatutos ni una organización internacional. Ni siquiera estaba resuelto cómo tomaría forma institucional aquella intuición. Había un sacerdote joven, unas notas y una convicción que todavía tendría que atravesar décadas de crecimiento, dificultades y definiciones jurídicas.
Con el tiempo, el Opus Dei se extendería por numerosos países. En 1982 Juan Pablo II lo erigiría como prelatura personal, una figura jurídica de la Iglesia católica.
Pero Escrivá seguiría situando el comienzo mucho antes de todo aquello.
No en una ceremonia.
No en una reunión fundacional.
Sino en una habitación de Madrid, durante un retiro, mientras volvía a leer unas notas que llevaba años acumulando.