1540 · Aprobación pontificia de la Compañía de Jesús
Querían ir a Tierra Santa. El fracaso de ese plan terminó dando forma a los jesuitas
Ignacio de Loyola y sus primeros compañeros tenían un proyecto bastante concreto: ir a Tierra Santa.
Se habían conocido principalmente durante sus años de estudio en París. Habían hecho votos juntos y querían ponerse al servicio de Dios, pero todavía no existía la Compañía de Jesús como la orden religiosa que conocemos hoy.
El viaje no salió como esperaban.
En 1538 comprendieron que el proyecto de Tierra Santa no era viable. En vez de disolver el grupo, tomaron otra decisión: ir a Roma y ponerse a disposición del papa para que los enviara allí donde fueran más necesarios.
Eso abrió una pregunta decisiva.
Si comenzaban a ser enviados a lugares distintos, ¿seguirían siendo un solo cuerpo o cada uno continuaría por su cuenta?
Durante sus deliberaciones en Roma optaron por permanecer unidos. Ignacio presentó al papa Pablo III un proyecto para organizar aquella nueva forma de vida. El papa lo recibió favorablemente, pero el reconocimiento oficial todavía debía llegar.
Los compañeros buscaron apoyos y esperaron durante meses.
Finalmente, el 27 de septiembre de 1540, Pablo III promulgó la bula Regimini Militantis Ecclesiae. Una bula es un documento pontificio solemne. Con ella, la Santa Sede reconocía oficialmente a la Compañía de Jesús como orden religiosa.
El fracaso del primer plan había cambiado por completo el horizonte.
En lugar de quedar ligados a un único destino, los jesuitas hicieron de la disponibilidad para ser enviados una pieza central de su identidad. Con el tiempo aparecerían en misiones, colegios, universidades, cortes, debates teológicos y territorios muy alejados de Europa.
La Compañía de Jesús no nació porque el viaje a Tierra Santa hubiera funcionado.
En buena medida, tomó su forma precisamente porque no funcionó.
Fuentes y referencias
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