Hoy

Un día como hoy en la Iglesia

25 de septiembre

1555 · Paz de Augsburgo

La guerra no consiguió unirlos. Entonces tuvieron que sentarse a negociar

Carlos V llevaba décadas intentando resolver un problema que se hacía cada vez más grande.

Era emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y católico. Pero dentro de sus propios territorios, cada vez más príncipes estaban abrazando las ideas de Martín Lutero.

Aquello ya no era solamente una discusión sobre teología.

Si un príncipe se hacía luterano, ¿qué ocurría con sus súbditos? ¿Y con las propiedades de la Iglesia? ¿Podía el emperador obligarlo a volver al catolicismo? La ruptura religiosa estaba alterando también el equilibrio político del Imperio.

Carlos V intentó recuperar la unidad. Hubo reuniones, negociaciones y también guerra. En 1547 consiguió una importante victoria militar sobre los príncipes protestantes.

Pero ganar una batalla no resolvió el problema. El luteranismo ya estaba demasiado extendido para desaparecer por decreto.

Finalmente, las negociaciones desembocaron el 25 de septiembre de 1555 en la Paz de Augsburgo.

La solución era incómoda, pero decisiva: el Imperio reconocía jurídicamente la coexistencia de territorios católicos y de territorios adheridos a la Confesión de Augsburgo, es decir, al luteranismo reconocido por el acuerdo.

De aquel arreglo suele recordarse la fórmula cuius regio, eius religio: aproximadamente, “de quien es el territorio, es la religión”. En la práctica, el gobernante determinaba la confesión de su territorio, y quienes no quisieran vivir bajo ella podían, bajo determinadas condiciones, marcharse.

No era libertad religiosa como la entendemos hoy. Tampoco era reconciliación. Y ni siquiera incluía a todos los protestantes: los calvinistas quedaron fuera.

Era algo más incómodo: el reconocimiento de que ninguno de los dos bandos había conseguido hacer desaparecer al otro.

La Paz de Augsburgo contuvo el conflicto durante un tiempo, pero dejó preguntas abiertas. En el siglo siguiente, varias volverían a estallar durante la devastadora Guerra de los Treinta Años.

La división religiosa de Europa ya no era una crisis pasajera. Había cambiado el mapa del continente.

Fuentes y referencias

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