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San Pío de Pietrelcina, presbítero

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San Pío de Pietrelcina, presbítero

Un fraile capuchino al que el propio Vaticano investigó, vigiló y llegó a silenciar durante años por las llagas que decía llevar en las manos — y que, en medio de esa sospecha, levantó un hospital que hoy sigue atendiendo pacientes en el sur de Italia.

En un minuto

Quién · Francesco Forgione, fraile capuchino y sacerdote; para el mundo, Padre Pío.

Cuándo · 1887–1968 · canonizado en 2002.

Dónde · Pietrelcina y San Giovanni Rotondo, región de Apulia, sur de Italia.

Por qué se recuerda · Fue, a la vez, uno de los religiosos más investigados por su propia Iglesia en el siglo XX y el fundador de una obra hospitalaria muy concreta que sigue en pie.

Un hijo de campesinos con vocación temprana

Francesco Forgione nació el 25 de mayo de 1887 en Pietrelcina, un pueblo de la provincia de Benevento, hijo de labradores que rezaban el rosario cada noche y ayunaban de carne tres veces por semana. A los 15 años entró al noviciado capuchino de Morcone y tomó el nombre de fray Pío. Fue ordenado sacerdote en 1910, pero la salud frágil lo obligó a alternar entre su convento y la casa de sus padres durante años, hasta que en 1916 se instaló de forma definitiva en el convento de Santa María de las Gracias, en San Giovanni Rotondo — un pueblo pequeño que, sin planearlo, se convertiría en el centro de su vida entera.

La noche del 20 de septiembre de 1918

Según su propio relato y el de sus superiores, mientras escuchaba confesiones esa noche experimentó la aparición de heridas en manos, pies y costado, similares a las de la crucifixión. No fue un episodio aislado: las llagas permanecieron, con sangrado intermitente, durante los siguientes cincuenta años, hasta su muerte. Es uno de los casos de estigmas más documentados del siglo XX precisamente porque, a diferencia de otros relatos históricos similares, este quedó bajo examen médico y eclesiástico casi de inmediato — y ese examen fue todo menos amable.

San Pío de Pietrelcina, presbítero — contexto histórico

Bajo sospecha dentro de su propio convento

En 1919 el médico Luigi Romanelli documentó heridas que no parecían superficiales. Meses después, otro médico, Amico Bignami, propuso que se trataba de necrosis cutánea provocada químicamente, quizás con tintura de yodo. El fraile franciscano y médico Agostino Gemelli fue más lejos sin siquiera examinarlo directamente: escribió que las heridas parecían producidas con sustancias cáusticas y llegó a describirlo como una persona de 'escasa actividad mental'. Una testigo declaró que el joven fray Pío había comprado ácido carbólico y veratrina — un producto irritante usado como insecticida muscular — sin prescripción médica; él explicó que el ácido era para esterilizar jeringas y la veratrina, para una broma entre frailes. El Vaticano, mientras tanto, le prohibió durante años celebrar misa en público, confesar, dar bendiciones y hasta responder cartas; se investigó incluso instalar micrófonos ocultos en su celda y su confesionario en la época de Juan XXIII, quien llegó a llamarlo en privado 'ídolo de paja'. La investigación canónica de 1921, a cargo del obispo Raffaele Rossi, concluyó lo contrario: que las llagas eran un 'hecho real', no producto de fraude ni de posesión. Las prohibiciones se fueron levantando de a poco entre 1933 y mediados de los años sesenta.

Lo que sí construyó con las manos

En paralelo a toda esa sospecha, Padre Pío llevaba adelante algo mucho más terrenal: en 1925 convirtió un viejo convento en una clínica de pocas camas para los más necesitados de la zona; un terremoto la destruyó en 1938. En enero de 1940 anunció ante un pequeño comité: 'Esta noche ha comenzado mi obra terrena'. La construcción del hospital que soñaba se financió con donaciones de todo tipo — incluida la de Emanuele Brunatto, un antiguo especulador del mercado negro en la Francia ocupada, que entregó una suma considerable como, en sus propias palabras, reparación por sus pecados — más fondos de la ayuda internacional de posguerra y del gobierno italiano. La Casa Sollievo della Sofferenza ('Casa Alivio del Sufrimiento') abrió el 5 de mayo de 1956 con 250 camas. Hoy tiene cerca de mil camas, más de 25 departamentos médicos y unos 3.000 empleados, y es uno de los dos únicos hospitales que dependen directamente de la Santa Sede.

El final, sin cicatrices

El 22 de septiembre de 1968 celebró, ya muy débil, una misa solemne por el cincuentenario de sus llagas; sería la última. Murió en la madrugada del día siguiente, a los 81 años, con un rosario entre las manos. Según los relatos de quienes lo examinaron en sus últimos días, las llagas habían desaparecido por completo, sin dejar marca. En 2008, cuando se exhumó su cuerpo cuarenta años después, el arzobispo a cargo describió sus manos como si 'acabaran de recibir una manicura' — sin rastro visible de estigma alguno. Fue beatificado en 1999 y canonizado en 2002 por Juan Pablo II, quien, según se cuenta, se había confesado con él de joven sacerdote en 1948.

Datos curiosos

  • Investigadores enviados por el Vaticano llegaron a instalar dispositivos de escucha en su celda y en su confesionario para vigilarlo, décadas antes de que la Iglesia reconsiderara su caso.

  • El hospital que impulsó, financiado en parte por un antiguo traficante de mercado negro buscando 'reparar sus pecados', sigue funcionando hoy como uno de solo dos hospitales dependientes directamente de la Santa Sede.

Símbolos

Hábito capuchino · Manos con guantes o vendajes (por los estigmas) · Confesionario · Rosario

Fuentes
  • Wikipedia (inglés), «Padre Pio» — cronología general y testimonios médicos de época citados con fecha y nombre. — enlace
  • Vatican News, perfil del santo del día (23 de septiembre) — enlace
  • Catholic News Agency, «The hospital on a hill: Padre Pio's earthly work» — enlace
  • Historic Mysteries, «Padre Pio Stigmata, Miracle Worker or Fraud» — recoge la versión crítica/escéptica del caso. — enlace

Revisado el 2026-09-21.