
Santo
San Mateo, apóstol y evangelista
Cobraba impuestos para Roma en Cafarnaún, un oficio que sus propios vecinos equiparaban con el robo. Un día alguien se detuvo frente a su mesa de cobro, le dijo dos palabras, y Mateo se levantó y lo siguió sin cerrar las cuentas. Siglos después, esa escena se convertiría en el cuadro favorito de un papa.
En un minuto
Quién · Publicano (recaudador de impuestos romanos) convertido en uno de los Doce; la tradición le atribuye el primer Evangelio.
Cuándo · Siglo I d.C. · fiesta el 21 de septiembre, con rango de fiesta y color litúrgico rojo, propio de los apóstoles.
Dónde · Cafarnaún, a orillas del lago de Galilea, bajo administración fiscal romana.
Por qué se recuerda · Encarna el giro más brusco de los Evangelios — de recaudador despreciado a apóstol y, según la tradición, autor evangélico — y sigue siendo, dieciocho siglos después, la escena que un papa contemporáneo eligió como emblema de su propio llamado.
Un oficio que equivalía a traición
Roma no cobraba sus impuestos directamente: subastaba ese derecho por contratos de varios años a intermediarios locales que adelantaban el dinero al fisco y después se resarcían cobrando a la población, quedándose con la diferencia. La cadena tenía varios pisos —desde el gobernador romano hasta el publicano de a pie, como Mateo en Cafarnaún— y en cada eslabón se sumaba una comisión, lo que dejaba mucho margen para el abuso: cobrar de más, declarar solo una parte de lo recaudado, prestar a interés a quien no podía pagar. Por eso el rechazo hacia los publicanos no era solo un prejuicio: tenía tres capas. Política, por colaborar con el poder ocupante; religiosa, porque el trato constante con gentiles los volvía ritualmente impuros para sus vecinos; y moral, porque su fama de enriquecerse defraudando era tan extendida que la propia expresión evangélica los agrupa junto a los 'pecadores', como si fueran la misma categoría social.
El llamado y el banquete que escandalizó a los fariseos
Los tres evangelios sinópticos narran la misma escena con Mateo sentado en su mesa de recaudación en Cafarnaún —Mateo lo cuenta en primera persona, mientras Marcos y Lucas lo llaman 'Leví, hijo de Alfeo'—. Jesús pasa, le dice 'Sígueme', y el texto no registra ninguna duda: Mateo se levanta y lo sigue. Lo que viene después resultó todavía más provocador que el llamado mismo: Mateo organiza un banquete en su propia casa al que asisten 'muchos publicanos y pecadores', y los fariseos preguntan por qué un maestro comparte mesa con esa gente. La respuesta de Jesús —'no he venido a llamar a justos, sino a pecadores'— quedó como una de las frases que mejor resumen el sentido del episodio completo. Un monje inglés del siglo VIII, Beda el Venerable, resumió la escena en tres palabras que la liturgia todavía reza cada 21 de septiembre: Jesús miró a Mateo 'miserando atque eligendo' —compadeciéndolo y eligiéndolo a la vez, un mismo gesto—. Esa misma frase, siglos más tarde, se convertiría en el lema episcopal y papal de Jorge Bergoglio, quien ha contado que de joven, el día de la fiesta de san Mateo de 1953, sintió su propia vocación religiosa frente a un confesionario, y que durante años volvió a visitar en una iglesia de Roma el cuadro de Caravaggio que representa justo este instante — hoy, según ha dicho él mismo, su pintura favorita.

El Evangelio que lleva su nombre, y la pregunta que sigue abierta
La tradición cristiana antigua sostiene con firmeza la autoría de Mateo: el obispo Papías, a comienzos del siglo II, escribió que 'Mateo ordenó los dichos del Señor en lengua hebrea, y cada uno los interpretó como pudo'; Ireneo de Lyon repitió esa atribución décadas después. Es un testimonio temprano y consistente. Pero la investigación histórico-crítica moderna, al comparar el texto griego que conservamos con esa descripción, encuentra una tensión difícil de resolver: el Evangelio que hoy leemos fue compuesto directamente en griego —no traducido del hebreo o arameo que se le atribuye a Mateo— y depende, en buena parte de su material, del Evangelio de Marcos y de una fuente de dichos compartida con Lucas, algo poco esperable si su autor hubiera sido testigo presencial de los hechos que narra. Por eso el consenso académico mayoritario hoy sostiene que el Evangelio fue escrito de forma anónima hacia finales del siglo I por un autor desconocido de tradición judeocristiana, y que el título 'según Mateo' se añadió después, en el siglo II, probablemente para anclarlo a la autoridad de un apóstol. Ninguna de las dos posturas es unánime ni está cerrada, y ambas conviven en la investigación seria sobre el tema; lo que sí es un punto de encuentro es que el texto refleja una comunidad de raíz judía profundamente interesada en mostrar a Jesús como cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, algo coherente con la figura de un publicano formado en ese mundo religioso, sea o no la pluma que lo escribió.
Después del Evangelio: tradición, martirio y un ángel con alas
Sobre la vida de Mateo tras los relatos evangélicos hay poca certeza documentada y ninguna fuente contemporánea a los hechos. Autores antiguos como Ireneo y Clemente de Alejandría afirman que predicó primero en Judea antes de partir a otras regiones; las tradiciones posteriores, ya de fecha muy tardía y variable según cada localidad, lo sitúan predicando entre partos y persas, y sobre todo en Etiopía, donde según la leyenda convirtió y consagró a Ifigenia, hija del rey Egipo, lo que habría desatado la ira de un rey posterior, Hircano, que pretendía casarse con ella y ordenó matar a Mateo junto al altar mientras oraba tras la misa. Otras fuentes, más escépticas, apuntan en cambio a una muerte natural. Ninguna versión puede confirmarse con el rigor histórico que sí exige, por ejemplo, la escena de su llamado en los Evangelios. Lo que sobrevivió con más fuerza fue el símbolo: desde los primeros siglos, el arte cristiano representa a Mateo junto a un hombre alado —uno de los cuatro 'seres vivientes' del Apocalipsis—, la figura que la tradición asignó a cada evangelista según el énfasis de su relato; a Mateo le tocó el rostro humano, en sintonía con su interés por la genealogía humana de Jesús. Sus reliquias se veneran hoy en la catedral de Salerno, en el sur de Italia.
Datos curiosos
Es el patrono de recaudadores de impuestos, contables, banqueros y funcionarios públicos — exactamente el gremio que dejó atrás el día de su llamado.
"La vocación de san Mateo", el cuadro de Caravaggio (1599-1600) que recrea el momento del llamado en la iglesia de San Luis de los Franceses, en Roma, fue durante décadas la pintura preferida del papa Francisco, quien vinculó públicamente esa escena con su propia vocación religiosa.
The Conversation / Catholic News Agency
El lema episcopal de Jorge Bergoglio, 'miserando atque eligendo', viene de una homilía del siglo VIII sobre este mismo pasaje, y no tiene una traducción de una sola palabra: describe la misericordia y la elección de Jesús como un único gesto, no como dos actos separados.
Catholic News Agency
Símbolos
Ángel o figura de hombre alado · Libro o pergamino · Bolsa o mesa de monedas (por su antiguo oficio) · Lanza o espada (alusión a su martirio en la tradición)
Fuentes
- Evangelio según San Mateo 9:9-13 (el llamado y el banquete)
- Wikipedia (inglés), «Matthew the Apostle» — cronología, tradiciones sobre su muerte y estado del debate académico sobre la autoría del Evangelio. — enlace
- Vatican News, perfil del santo del día (21 de septiembre) — enlace
- ACI Prensa, «Biografía de San Mateo» — enlace
- Britannica, «Saint Matthew» — enlace
- Catholic News Agency, «What does Pope Francis' motto really mean?» — origen en la homilía de Beda el Venerable y su significado. — enlace
- The Conversation, «Why 'The Calling of Saint Matthew' by Caravaggio was Pope Francis' favorite painting» — enlace
- Verdad Eterna, «Los Publicanos: Recaudadores de Impuestos en los Tiempos de Jesús» — sistema de tercerización fiscal romana y motivos del rechazo social. — enlace
Revisado el 2026-09-21.