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San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

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San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

En Roma le pidieron revisar los Evangelios en latín. Terminó en Belén, aprendiendo hebreo y comparando manuscritos con la ayuda de una comunidad de estudio. Sus decisiones provocaron discusiones, pero también cambiaron durante siglos la manera de leer la Biblia en Occidente.

En un minuto

Quién · Jerónimo de Estridón, sacerdote y estudioso de la Biblia latina que después se conocería como la Vulgata.

Cuándo · Hacia 345–420; murió en Belén el 30 de septiembre, fecha de su memoria.

Dónde · De Estridón a Roma, el desierto de Calcis y finalmente Belén, donde trabajó durante décadas.

Por qué se recuerda · Volvió a los textos griegos y hebreos para revisar traducciones latinas conocidas por todos, incluso cuando cambiar una palabra desataba una discusión.

Un lector que tuvo que aprender de nuevo

Jerónimo nació hacia mediados del siglo IV en Estridón, entre Dalmacia y Panonia. No sabemos exactamente dónde quedaba aquella población. Sí sabemos que su familia pudo enviarlo a Roma, donde estudió gramática y retórica y se enamoró del latín de Cicerón. Después confesó que algunos libros de la Biblia le parecían ásperos al lado de los autores que admiraba. No escondió esa incomodidad: terminó dedicando su vida a entender mejor esos textos. Su camino pasó por Tréveris, Antioquía y el desierto de Calcis. Podía conformarse con leer la Biblia en latín, pero quiso acercarse a las lenguas en que había sido escrita. Aprendió griego y, con maestros, se puso a estudiar hebreo. Para alguien formado en los grandes discursos de Roma, aquello significaba volver a empezar casi desde cero.

El encargo que comenzó en Roma

En 382 volvió a Roma. Allí se encontró con un problema muy concreto: circulaban varias versiones latinas de la Biblia y no siempre decían lo mismo. El papa Dámaso le encargó revisar los Evangelios a la luz de manuscritos griegos. Jerónimo trabajó también en los Salmos. Lo que empezó como una revisión lo llevaría mucho más lejos, pero decir que «tradujo toda la Biblia él solo» borraría una historia bastante más interesante. En la casa de Marcela, en el Aventino, estudiaba con Paula y con Eustoquio, hija de ella. Las tres leían, hacían preguntas y discutían pasajes difíciles. Ese círculo formó parte real de su trabajo. Cuando Dámaso murió en 384, Jerónimo perdió a su protector. Sus desacuerdos en Roma se hicieron más difíciles de sostener y al año siguiente partió hacia Oriente.

San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia — contexto histórico

Belén se convirtió en su taller

En 386 Jerónimo llegó a Belén con Paula y Eustoquio. Cerca de la gruta venerada como lugar del nacimiento de Jesús impulsaron comunidades para hombres y mujeres y una casa para peregrinos. Allí se quedó más de treinta años. Escribía comentarios, respondía cartas que cruzaban el Mediterráneo y comparaba manuscritos. Consultó a maestros judíos para comprender pasajes hebreos y usó la Hexapla de Orígenes, que ponía distintas versiones bíblicas unas junto a otras. Entonces tomó una decisión que hoy puede parecer obvia y en su época incomodó a muchos: traducir buena parte del Antiguo Testamento desde el hebreo. Las comunidades conocían la versión griega de los Setenta. ¿Qué pasaría si la lectura en la iglesia comenzaba a sonar diferente? Hasta Agustín de Hipona le escribió sobre esa preocupación. Sus cartas dejan ver que aquella traducción, antes de convertirse en referencia, pasó por dudas, comparaciones y debates muy vivos.

Un hombre difícil, una obra duradera

Jerónimo no fue un sabio tranquilo que siempre encontrara la palabra justa. Podía ser hiriente al defender sus ideas. Su disputa con Rufino de Aquilea, antiguo amigo y también traductor, dejó páginas duras. No hace falta suavizar ese carácter para entender por qué su trabajo importó. Tampoco hace falta imaginarlo solo: Paula, Eustoquio y sus maestros hicieron posible parte de la vida de estudio en Belén. La Biblia latina asociada a su nombre terminó llamándose Vulgata, es decir, la versión de uso común. Durante siglos fue una referencia central para la Iglesia occidental. No todos sus libros salieron enteramente de la pluma de Jerónimo; su aporte fue revisar, traducir y abrir preguntas que cambiaron la lectura de la Escritura en latín. En sus últimos años murieron Paula y luego Eustoquio. Él siguió trabajando en Belén.

Por qué lo recordamos el 30 de septiembre

Jerónimo murió en Belén el 30 de septiembre de 420. Esa es la razón de que su memoria se celebre hoy. Mucho después, el Día Internacional de la Traducción adoptó también esta fecha; no fue al revés. Su historia va más allá del retrato de un hombre entre libros. Pasó de admirar el latín de Cicerón a escuchar la Biblia en griego y hebreo. Trabajó con mujeres cultas y con maestros judíos. Discutió, a veces con demasiada dureza, y se atrevió a revisar palabras que las comunidades ya sabían de memoria. Por eso se le recuerda: porque acercó a generaciones de lectores a los textos bíblicos y mostró que tomarlos en serio también exige volver a mirarlos.

Datos curiosos

  • Estridón, su lugar de nacimiento, estaba entre las antiguas Dalmacia y Panonia; la ciudad desapareció y su emplazamiento exacto sigue discutido.

    Francisco, carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus

  • En el Aventino romano, Marcela, Paula y Eustoquio estudiaron con Jerónimo las Escrituras. La historia de la Vulgata incluye ese círculo de mujeres, no solo a un traductor en su escritorio.

    Francisco, carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus

  • Agustín de Hipona le expresó preocupación por traducir desde el hebreo cuando las comunidades ya conocían la versión griega de los Setenta: la resistencia a una traducción nueva no empezó en la era moderna.

    Correspondencia de Agustín y Jerónimo, resumida por la Santa Sede

  • La fecha de su memoria, 30 de septiembre, corresponde a su muerte en Belén en el año 420; el Día Internacional de la Traducción adoptó más tarde esa misma fecha.

    Francisco, carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus

Símbolos

Libro abierto y manuscritos · Pluma y mesa de traducción · Gruta de Belén · León (atributo artístico tradicional, no episodio histórico comprobado)

Fuentes
  • Francisco, carta apostólica Scripturae Sacrae Affectus (2020) — biografía, colaboradores, traducción y fecha de muerte. — enlace
  • Benedicto XVI, audiencia general del 7 de noviembre de 2007 — formación, vida en Belén y trabajo bíblico. — enlace
  • Vatican News, san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia (30 de septiembre). — enlace